Consejo para trabajar con los japoneses: 1ª Parte

Vivo en España desde hace más de 32 años y he venido desarrollando mis actividades profesionales en distintas empresas multinacionales japonesas ubicadas en España como un japonés contratado en España, con el fin de ser un enlace entre los japoneses expatriados y los empleados españoles, por lo que he tenido ocasión de comparar, tanto en lo práctico como en lo teórico, las dos formas diferentes de trabajar entre los españoles y los japoneses. A decir la verdad, esa comparación me ha hecho acumular un notable conocimiento sobre las diferencias existentes entre nosotros. A continuación, se puede decir que el deseo de compartir este conocimiento me ha impulsado a escribir historias en mi blog. Porque he llegado a creer que ese conocimiento podría dar unos beneficios “tremendos” a ambas comunidades.

Hasta ahora, he publicado varias historias de esas diferencias “principales” en mi blog con la intención de hacerles a Uds. entender que la forma japonesa se puede aplicar a las empresas españolas y, además, se pueden lograr unos beneficios que otros rivales europeos no pueden disfrutar. Porque la forma japonesa podría ser un complemento perfecto para la española.

Pero, para aplicar la forma japonesa de trabajar, por supuesto, no de todos los aspectos, sino de todos los aspectos “positivos” a la empresa española, tienen que superar un “obstáculo” cultural que existe en la sociedad española. Es el comportamiento de no querer “copiar (imitar)”.

Aquí, si empezamos a hablar de “por qué” o “por qué no”, esa discusión duraría eternamente como otros temas interesantes del que cada uno tiene su punto de vista sobre el asunto. Por consiguiente, sin profundizar este punto, voy a desarrollar mi punto de vista en esta charla.

He oído decir que España es un país de “genios”, pero no de “escuelas”. Estoy de acuerdo con esta apreciación, aunque algunos no estén de acuerdo conmigo. Por ejemplo, hay muchos grandes maestros de pinturas modernas como Picasso, Dalí, Juan Gris, etc. pero no destacan sus pupilos o no existen. De otros grandes de literatura, ciencia, deporte, etc. también se puede decir lo mismo. De vez en cuando uso este ejemplo para dibujar cómo es la sociedad española. Está llena de individualismo y llena de “singularidad”. Cada uno es y quiere ser diferente de otros. Quiere demostrar su sensibilidad. Por eso, cada uno opina cosas con matices para diferenciarse de otros, o quizás, debo decir, no para diferenciarse sino para anotar su toque personal. Tiene que decir algo diferente. Evita repetir lo que dicen otros, aunque esté de acuerdo en lo que dicen. Si ven la escena de una reunión de españoles, comprenderán lo que digo. Sin embargo, tengo que puntualizar una contradicción. A pesar de ese toque de singularidad, en el fondo, nadie quiere salirse del grupo al que pertenece. Mirarán a su jefe para que les mande con el fin de no salirse del grupo. 

Por mi apreciación personal arriba indicada, lo que quiero destacar es una atrevida afirmación de que los españoles no quieren copiar o imitar a otros. Esto es una diferencia destacable de los japoneses. Los japoneses siempre copian o imitan a otros para ser “mejor”. Por ejemplo, “Shuji” es caligrafía. Se traduce literalmente la palabra “Shuji” como aprender letras. ¿Qué hace “Shuji”? Es ver cómo el maestro escribe letras (o traza líneas) y copiar los toques del maestro sin salirse de nada para que las letras escritas por los alumnos sean idénticas a las del maestro. No solo en “Shuji”, sino en las escuelas primarias se usan las libretas de aprender “Hiragana (letras originarias de Japón)” o “Kanji (letras originarias de China)” con los trazados dibujados de dichas letras para que los estudiantes puedan seguir los trazados imprimidos para escribirlas. Así, las aprenden.   

Por eso, a los japoneses, la acción de copiar o imitar no les produce una connotación “negativa” como a los españoles si se la produce. Por ejemplo, es común en Japón que una madre diga a su hijo que aprenda de otro chico o chica. Incluso la frase común que se usa es “imita (maneshinasai)” o “mira y aprende (minarainasai)”.

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